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Multilingual Scriptures Home » Spanish RV 1909 Bible » Luke

Spanish RV 1909 Bible
Chapter # Verse # Verse Detail
11HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,
12Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;
13Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,
14Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.
15HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.
16Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.
17Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.
18Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,
19Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.
110Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.
111Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.
112Y se turbó Zacarías viéndo le, y cayó temor sobre él.
113Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.
114Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.
115Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.
116Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.
117Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.
118Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.
119Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.
120Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.
121Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo.
122Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y él les hablaba por señas, y quedó mudo.
123Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino á su casa.
124Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo:
125Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
126Y al sexto mes, el ángel Gabriel fué enviado de Dios á una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
127A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María.
128Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres.
129Mas ella, cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta.
130Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.
131Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS.
132Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre:
133Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.
134Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón.
135Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios.
136Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:
137Porque ninguna cosa es imposible para Dios.
138Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella.
139En aquellos días levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá;
140Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet.
141Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo,
142Y exclamó á gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
143¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí?
144Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
145Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.
146Entonces María dijo: engrandece mi alma al Señor;
147Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador,
148Porque ha mirado á la bajeza de su criada; Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.
149Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Y santo es su nombre.
150Y su misericordia de generación á generación A los que le temen.
151Hizo valentía con su brazo: Esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.
152Quitó los poderosos de los tronos, Y levantó á los humildes.
153A los hambrientos hinchió de bienes; Y á los ricos envió vacíos.
154Recibió á Israel su siervo, Acordandose de la misericordia.
155Como habló á nuestros padres A Abraham y á su simiente para siempre.
156Y se quedó María con ella como tres meses: después se volvió á su casa.
157Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.
158Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella.
159Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías.
160Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.
161Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.
162Y hablaron por señas á su padre, cómo le quería llamar.
163Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
164Y luego fué abierta su boca y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.
165Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.
166Y todos los que las oían, las conservaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.
167Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
168Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y hecho redención á su pueblo,
169Y nos alzó un cuerno de salvación En la casa de David su siervo,
170Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio:
171Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron;
172Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordándose de su santo pacto;
173Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, Que nos había de dar,
174Que sin temor librados de nuestros enemigos, Le serviríamos
175En santidad y en justicia delante de él, todos los días nuestros.
176Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos;
177Dando conocimiento de salud á su pueblo, Para remisión de sus pecados,
178Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó de lo alto el Oriente,
179Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.
180Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu: y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró á Israel.
21Y ACONTECIO en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.
22Este empadronamiento primero fué hecho siendo Cirenio gobernador de la Siria.
23E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad.
24Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, á Judea, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;
25Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
26Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de parir.
27Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
28Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado.
29Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor.
210Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:
211Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
212Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre.
213Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decían:
214Gloria en las alturas á Dios, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres.
215Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado.
216Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre.
217Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño.
218Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.
219Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón.
220Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.
221Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre JESUS; el cual le fué puesto por el ángel antes que él fuese concebido en el vientre.
222Y como se cumplieron los días de la purificación de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor,
223(Como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abriere la matriz, será llamado santo al Señor),
224Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas, ó dos palominos.
225Y he aquí, había un hombre en Jerusalem, llamado Simeón, y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel: y el Espíritu Santo era sobre él.
226Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.
227Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley.
228Entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:
229Ahora despides, Señor, á tu siervo, Conforme á tu palabra, en paz;
230Porque han visto mis ojos tu salvación,
231La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos;
232Luz para ser revelada á los Gentiles, Y la gloria de tu pueblo Israel.
233Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él.
234Y los bendijo Simeón, y dijo á su madre María: He aquí, éste es puesto para caída y para levantamiento de muchos en Israel; y para señal á la que será contradicho;
235Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones.
236Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Phanuel, de la tribu de Aser; la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad;
237Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones.
238Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redención en Jerusalem.
239Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, se volvieron á Galilea, á su ciudad de Nazaret.
240Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
241E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua.
242Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del día de la fiesta.
243Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre.
244Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos:
245Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole.
246Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles.
247Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas.
248Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.
249Entonces él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?
250Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
251Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.
252Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.
31Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,
32Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
33Y él vino por toda la tierra al rededor del Jordán predicando el bautismo del arrepentimiento para la remisión de pecados;
34Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, Haced derechas sus sendas.
35Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados;
36Y verá toda carne la salvación de Dios.
37Y decía á las gentes que salían para ser bautizadas de él: ¡Oh generación de víboras, quién os enseñó á huir de la ira que vendrá?
38Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham.
39Y ya también el hacha está puesta á la raíz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego.
310Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos?
311Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
312Y vinieron también publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?
313Y él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.
314Y le preguntaron también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No hagáis extorsión á nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestras pagas.
315Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo,
316Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego;
317Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.
318Y amonestando, otras muchas cosas también anunciaba al pueblo.
319Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes,
320Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.
321Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió,
322Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.
323Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí,
324Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué Melchî, que fué de Janna, que fué de José,
325Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Esli,
326Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Matthathías, que fué de Semei, que fué de José, que fué de Judá,
327Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel,
328Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er,
329Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué de Joreim, que fué de Mathat,
330Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonán, que fué de Eliachîm,
331Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué de Mattatha, que fué de Nathán,
332Que fué de David, que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naassón,
333Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Phares,
334Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr,
335Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec, que fué de Heber,
336Que fué de Sala, que fué de Cainán, Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech,
337Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de Jared, que fué de Maleleel,
338Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.
41Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fué llevado por el Espíritu al desierto
42Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días: los cuales pasados, tuvo hambre.
43Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di á esta piedra que se haga pan.
44Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.
45Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra.
46Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy:
47Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos.
48Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás.
49Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo:
410Porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de ti, que te guarden;
411Y En las manos te llevarán, Porque no dañes tu pie en piedra.
412Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
413Y acabada toda tentación, el diablo se fué de él por un tiempo.
414Y Jesús volvió en virtud del Espíritu á Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor,
415Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
416Y vino á Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme á su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.
417Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
418El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en libertad á los quebrantados:
419Para predicar el año agradable del Señor.
420Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
421Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.
422Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
423Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.
424Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra.
425Mas en verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra;
426Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda.
427Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Siro.
428Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas;
429Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.
430Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.
431Y descendió á Capernaum, ciudad de Galilea. Y los enseñaba en los sábados.
432Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad.
433Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,
434Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos contigo Jesús Nazareno? ¿has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
435Y Jesús le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.
436Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué palabra es ésta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?
437Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
438Y levantándose Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón: y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
439E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre; y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les servía.
440Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían á él; y él poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
441Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas riñéndolos no les dejaba hablar; porque sabían que él era el Cristo.
442Y siendo ya de día salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos.
443Mas él les dijo: Que también á otras ciudades es necesario que anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado.
444Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
51Y ACONTECIO, que estando él junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios.
52Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.
53Y entrado en uno de estos barcos, el cual era de Simón, le rogó que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes.
54Y como cesó de hablar, dijo á Simón: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar.
55Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.
56Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.
57E hicieron señas á los compañeros que estaban en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban.
58Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó de rodillas á Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador.
59Porque temor le había rodeado, y á todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado;
510Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo á Simón: No temas: desde ahora pescarás hombres.
511Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron.
512Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesús, postrándose sobre el rostro, le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
513Entonces, extendiendo la mano, le tocó diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él.
514Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas ve, díjole, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para testimonio á ellos.
515Empero tanto más se extendía su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades.
516Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.
517Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y los Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.
518Y he aquí unos hombres, que traían sobre un lecho un hombre que estaba paralítico; y buscaban meterle, y ponerle delante de él.
519Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesús;
520El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.
521Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?
522Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones?
523¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, ó decir: Levántate y anda?
524Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete á tu casa.
525Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios.
526Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos del temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy.
527Y después de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme.
528Y dejadas todas las cosas, levantándose, le siguió.
529E hizo Leví gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.
530Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?
531Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.
532No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento.
533Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos, y tus discípulos comen y beben?
534Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
535Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos días.
536Y les decía también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.
537Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.
538Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva.
539Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.
61Y ACONTECIO que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos.
62Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?
63Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban;
64Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?
65Y les decía. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
66Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.
67Y le acechaban los escribas y los Fariseos, si sanaría en sábado, por hallar de qué le acusasen.
68Mas él sabía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pie.
69Entonces Jesús les dice: Os preguntaré un cosa: ¿Es lícito en sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla?
610Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fué restaurada.
611Y ellos se llenaron de rabia; y hablaban los unos á los otros qué harían á Jesús.
612Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.
613Y como fué de día, llamó á sus discípulos, y escogió doce de ellos, á los cuales también llamó apóstoles:
614A Simón, al cual también llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
615Mateo y Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llama Celador,
616Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que también fué el traidor.
617Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judea y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidón, que habían venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;
618Y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados.
619Y toda la gente procuraba tocarle; porque salía de él virtud, y sanaba á todos.
620Y alzando él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios.
621Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
622Bienaventurados seréis, cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.
623Gozaos en aquel día, y alegraos; porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres á los profetas.
624Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo.
625¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis.
626¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacían sus padres á los falsos profetas.
627Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;
628Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
629Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.
630Y á cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas á pedir.
631Y como queréis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros:
632Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.
633Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo.
634Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.
635Amad, pués, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.
636Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
637No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.
638Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.
639Y les decía una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?
640El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.
641¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?
642¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga, que está en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.
643Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto.
644Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de las zarzas.
645El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal; porque de la abundancia del corazón habla su boca.
646¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?
647Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, os enseñaré á quién es semejante:
648Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña; y cuando vino una avenida, el río dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre la peña.
649Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el río dió con ímpetu, y luego cayó; y fué grande la ruina de aquella casa.
71Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum.
72Y el siervo de un centurión, al cual tenía él en estima, estaba enfermo y á punto de morir.
73Y como oyó hablar de Jesús, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.
74Y viniendo ellos á Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto;
75Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.
76Y Jesús fué con ellos. Mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos á él, diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado;
77Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á ti; mas di la palabra, y mi siervo será sano.
78Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y lo hace.
79Lo cual oyendo Jesús, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las gentes que le seguían: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
710Y vueltos á casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
711Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.
712Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.
713Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.
714Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate.
715Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre.
716Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo.
717Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.
718Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llamó Juan á dos de sus discípulos,
719Y envió á Jesús, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?
720Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á ti, diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?
721Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.
722Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habéis visto y oído: que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el evangelio:
723Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
724Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es agitada por el viento?
725Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de vestidos delicados? He aquí, los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están.
726Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y aun más que profeta.
727Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, El cual aparejará tu camino delante de ti.
728Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.
729Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
730Mas los Fariseos y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.
731Y dice el Señor: ¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación, y á qué son semejantes?
732Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.
733Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.
734Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
735Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
736Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariseo, sentóse á la mesa.
737Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariseo, trajo un alabastro de ungüento,
738Y estando detrás á sus pies, comenzó llorando á regar con lágrimas sus pies, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y los ungía con el ungüento.
739Y como vió esto el Fariseo que le había convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora.
740Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Di, Maestro.
741Un acredor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta;
742Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó á ambos. Di, pues, ¿cuál de éstos le amará más?
743Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
744Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.
745No me diste beso, mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
746No ungiste mi cabeza con óleo; mas ésta ha ungido con ungüento mis pies.
747Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.
748Y á ella dijo: Los pecados te son perdonados.
749Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?
750Y dijo á la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.
81Y ACONTECIO después, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,
82Y algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios,
83Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.
84Ycomo se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola:
85Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron.
86Y otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad.
87Y otra parte cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
88Y otra parte cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oir, oiga.
89Y sus discípulos le preguntaron, diciendo, qué era está parábola.
810Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
811Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios.
812Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven.
813Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.
814Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
815Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia.
816Ninguno que enciende la antorcha la cubre con vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran vean la luz.
817Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida, que no haya de ser entendida, y de venir á luz.
818Mirad pues cómo oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado.
819Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podían llegar á el por causa de la multitud.
820Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.
821El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan.
822Y aconteció un día que él entró en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron.
823Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchían de agua, y peligraban.
824Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y despertado él increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron, y fué hecha bonanza.
825Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?
826Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea.
827Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.
828El cual, como vió á Jesús, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes.
829(Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.)
830Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión. Porque muchos demonios habían entrado en él.
831Y le rogaban que no les mandase ir al abismo.
832Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte; y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
833Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.
834Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron, y yendo dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
835Y salieron á ver lo que había acontecido; y vinieron á Jesús, y hallaron sentado al hombre de quien habían salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los pies de Jesús; y tuvieron miedo.
836Y les contaron los que lo habían visto, cómo había sido salvado aquel endemoniado.
837Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor, le rogaron que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el barco, volvióse.
838Y aquel hombre, de quien habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo:
839Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas habiá hecho Jesús con él.
840Y aconteció que volviendo Jesús, recibióle la gente; porque todos le esperaban.
841Y he aquí un varón, llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los pies de Jesús, le rogaba que entrase en su casa;
842Porque tenía una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.
843Y una mujer, que tenía flujo de sangre hacía ya doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno había podido ser curada,
844Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido; y luego se estancó el flujo de su sangre.
845Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?
846Y Jesús dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.
847Entonces, como la mujer vió que no se había ocultado, vino temblando, y postrándose delante de él declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y cómo luego había sido sana.
848Y él dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz.
849Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro.
850Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.
851Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie consigo, sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.
852Y lloraban todos, y la plañían. Y él dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme.
853Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.
854Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate.
855Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mando que le diesen de comer.
856Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que había sido hecho.
91Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.
92Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.
93Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.
94Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.
95Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.
96Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.
97Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;
98Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.
99Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.
910Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.
911Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.
912Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.
913Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.
914Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.
915Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.
916Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.
917Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.
918Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?
919Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
920Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
921Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;
922Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.
923Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.
924Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.
925Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y sé pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?
926Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
927Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
928Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.
929Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.
930Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
931Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.
932Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.
933Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.
934Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.
935Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.
936Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.
937Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro.
938Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:
939Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.
940Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
941Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.
942Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.
943Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:
944Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
945Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.
946Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.
947Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,
948Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mí nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.
949Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.
950Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
951Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.
952Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.
953Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.
954Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?
955Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;
956Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.
957Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.
958Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.
959Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.
960Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.
961Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
962Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.
101Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él había de venir.
102Y les decía: La mies á la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros á su mies.
103Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
104No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludéis en el camino.
105En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea á esta casa.
106Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros.
107Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
108Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
109Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios.
1010Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
1011Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros.
1012Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad.
1013¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
1014Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.
1015Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.
1016El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.
1017Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
1018Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo.
1019He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
1020Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
1021En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.
1022Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar.
1023Y vuelto particularmente á los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:
1024Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.
1025Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
1026Y él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?
1027Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo.
1028Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
1029Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
1030Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem á Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
1031Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado.
1032Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.
1033Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia;
1034Y llegándose, vendó sus heridas, echándo les aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él.
1035Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.
1036¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrónes?
1037Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
1038Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.
1039Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra.
1040Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.
1041Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
1042Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.
111Y ACONTECIO que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como también Juan enseñó á sus discípulos.
112Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.
113El pan nuestro de cada día, dános lo hoy.
114Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del malo.
115Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,
116Porque un amigo mío ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;
117Y el de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte?
118Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
119Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y os será abierto.
1110Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abre.
1111¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ó, si pescado, ¿en lugar de pescado, le dará una serpiente?
1112O, si le pidiere un huevo, ¿le dará un escorpión?
1113Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él?
1114Y estaba él lanzando un demonio, el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló y las gentes se maravillaron.
1115Mas algunos de ellos decían: En Beelzebub, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
1116Y otros, tentando, pedían de él señal del cielo.
1117Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.
1118Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís que en Beelzebub echo yo fuera los demonios.
1119Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebub, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
1120Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.
1121Cuando el fuerte armado guarda su atrio, en paz está lo que posee.
1122Mas si sobreviniendo otro más fuerte que él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
1123El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
1124Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Me volveré á mi casa de donde salí.
1125Y viniendo, la halla barrida y adornada.
1126Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, habitan allí: y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero.
1127Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía, levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste.
1128Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
1129Y juntándose las gentes á él, comenzó á decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás.
1130Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre á esta generación.
1131La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.
1132Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque á la predicación de Jonás se arrepintieron; y he aquí más que Jonás en este lugar.
1133Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz.
1134La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.
1135Mira pues, si la lumbre que en ti hay, es tinieblas.
1136Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra.
1137Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariseo que comiese con él: y entrado Jesús, se sentó á la mesa.
1138Y el Fariseo, como lo vió, maravillóse de que no se lavó antes de comer.
1139Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad.
1140Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro?
1141Empero de lo que os resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio.
1142Mas ¡ay de vosotros, Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras.
1143¡Ay de vosotros, Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
1144¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben.
1145Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas á nosotros.
1146Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis á los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocáis las cargas.
1147¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.
1148De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.
1149Por tanto, la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles; y de ellos á unos matarán y á otros perseguirán;
1150Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo;
1151Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generación.
1152¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.
1153Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron á apretar le en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas;
1154Acechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle.
121EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los Fariseos, que es hipocresía.
122Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.
123Por tanto, las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oídas; y lo que hablasteis al oído en las cámaras, será pregonado en los terrados.
124Mas os digo, amigos míos: No temáis de los que matan el cuerpo, y después no tienen más que hacer.
125Mas os enseñaré á quién temáis: temed á aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la Gehenna: así os digo: á éste temed.
126¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.
127Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.
128Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;
129Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
1210Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.
1211Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no estéis solícitos cómo ó qué hayáis de responder, ó qué hayáis de decir;
1212Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será necesario decir.
1213Y díjole uno de la compañía: Maestro, di á mi hermano que parta conmigo la herencia.
1214Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros?
1215Y díjoles: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
1216Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había llevado mucho;
1217Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿qué haré, porque no tengo donde juntar mis frutos?
1218Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores, y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;
1219Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate.
1220Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será?
1221Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.
1222Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No estéis afanosos de vuestra vida, qué comeréis; ni del cuerpo, qué vestiréis.
1223La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido.
1224Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves?
1225¿Y quién de vosotros podrá con afán añadir á su estatura un codo?
1226Pues si no podéis aun lo que es menos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás?
1227Considerad los lirios, cómo crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
1228Y si así viste Dios á la hierba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno; ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe?
1229Vosotros, pues, no procuréis qué hayáis de comer, ó qué hayáis de beber: ni estéis en ansiosa perplejidad.
1230Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; que vuestro Padre sabe que necesitáis estas cosas.
1231Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
1232No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.
1233Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe.
1234Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
1235Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras antorchas encendidas;
1236Y vosotros semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y llamare, luego le abran.
1237Bienaventurados aquellos siervos, á los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.
1238Y aunque venga á la segunda vigilia, y aunque venga á la tercera vigilia, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.
1239Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.
1240Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.
1241Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó también á todos?
1242Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que á tiempo les dé su ración?
1243Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.
1244En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.
1245Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir: y comenzare á herir á los siervos y á las criadas, y á comer y á beber y á embriagarse;
1246Vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera, y á la hora que no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles.
1247Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.
1248Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, más le será pedido.
1249Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?
1250Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido!
1251¿Pensáis que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disensión.
1252Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos; tres contra dos, y dos contra tres.
1253El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
1254Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así.
1255Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay.
1256¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?
1257¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgáis lo que es justo?
1258Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
1259Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí.
131Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.
132Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?
133No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.
134O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?
135No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.
136Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.
137Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?
138El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.
139Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
1310Y enseñaba en una sinagoga en sábado.
1311Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.
1312Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
1313Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.
1314Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en días de sábado.
1315Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber?
1316Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado?
1317Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas.
1318Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?
1319Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo lo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.
1320Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?
1321Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.
1322Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem.
1323Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
1324Porfiad á entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
1325Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.
1326Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste;
1327Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.
1328Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos.
1329Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.
1330Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros
1331Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.
1332Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.
1333Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.
1334¡Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!
1335He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
141Y ACONTECIO que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado á comer pan, ellos le acechaban.
142Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de él.
143Y respondiendo Jesús, habló á los doctores de la ley y á los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?
144Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y despidióle.
145Y respondiendo á ellos dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en algún pozo, y no lo sacará luego en día de sábado?
146Y no le podían replicar á estas cosas.
147Y observando cómo escogían los primeros asientos á la mesa, propuso una parábola á los convidados, diciéndoles:
148Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más honrado que tú esté por él convidado,
149Y viniendo el que te llamó á ti y á él, te diga: Da lugar á éste: y entonces comiences con vergüenza á tener el lugar último.
1410Mas cuando fueres convidado, ve, y siéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.
1411Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
1412Y dijo también al que le había convidado: Cuando haces comida ó cena, no llames á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha compensación.
1413Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;
1414Y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir; mas te será recompensado en la resurrección de los justos.
1415Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.
1416El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido á muchos.
1417Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya está todo aparejado.
1418Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado.
1419Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; ruégote que me des por excusado.
1420Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir.
1421Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces enojado el padre de la familia, dijo á su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.
1422Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.
1423Y dijo el señor al siervo: Ve por los caminos y por los vallados, y fuérza los á entrar, para que se llene mi casa.
1424Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena.
1425Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo:
1426Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo.
1427Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
1428Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?
1429Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él,
1430Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.
1431¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil?
1432De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándo le embajada.
1433Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.
1434Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?
1435Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oídos para oir, oiga.
151Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.
152Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
153Y él les propuso esta parábola, diciendo:
154¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?
155Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;
156Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
157Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
158¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?
159Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.
1510Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
1511Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;
1512Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.
1513Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.
1514Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.
1515Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.
1516Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.
1517Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
1518Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti;
1519Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.
1520Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.
1521Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
1522Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.
1523Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:
1524Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.
1525Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;
1526Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.
1527Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.
1528Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
1529Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:
1530Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.
1531El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
1532Mas era menester hacer fiesta y holgar nos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.
161Y DIJO también á sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fué acusado delante de él como disipador de sus bienes.
162Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo.
163Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo; mendigar, tengo vergüenza.
164Yo sé lo que haré para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.
165Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?
166Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta.
167Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta.
168Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz.
169Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.
1610El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
1611Pues si en las malas riquezas no fuísteis fieles. ¿quién os confiará lo verdadero?
1612Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?
1613Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas.
1614Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él.
1615Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
1616La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera se esfuerza á entrar en él.
1617Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley.
1618Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.
1619Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez.
1620Había también un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas,
1621Y deseando hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.
1622Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió también el rico, y fué sepultado.
1623Y en el infierno alzó sus ojos, estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno.
1624Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama.
1625Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.
1626Y además de todo esto, una grande sima está constituída entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
1627Y dijo: Ruégote pues, padre, que le envíes á la casa de mi padre;
1628Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos también á este lugar de tormento.
1629Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen: óiganlos.
1630El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán.
1631Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de los muertos.
171Y A SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquél por quien vienen!
172Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos.
173Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
174Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.
175Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
176Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.
177¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?
178¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?
179¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.
1710Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.
1711Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea.
1712Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,
1713Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.
1714Y como él los vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.
1715Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz;
1716Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.
1717Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?
1718¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero?
1719Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
1720Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;
1721Ni dirán: Helo aquí, ó helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.
1722Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.
1723Y os dirán: Helo aquí, ó helo allí. No vayáis, ni sigáis.
1724Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.
1725Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación.
1726Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre.
1727Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos.
1728Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;
1729Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos:
1730Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará.
1731En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
1732Acordaos de la mujer de Lot.
1733Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.
1734Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado.
1735Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada.
1736Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.
1737Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
181Y PROPUSOLES también una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar,
182Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía á Dios, ni respetaba á hombre.
183Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía á él diciendo: Hazme justicia de mi adversario.
184Pero él no quiso por algún tiempo; mas después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre,
185Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela.
186Y dijo el Señor: Oid lo que dice el juez injusto.
187¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos?
188Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?
189Y dijo también á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola:
1810Dos hombres subieron al templo á orar: el uno Fariseo, el otro publicano.
1811El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano;
1812Ayuno dos veces á la semana, doy diezmos de todo lo que poseo.
1813Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició á mí pecador.
1814Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.
1815Y traían á él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos les reñían.
1816Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios.
1817De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
1818Y preguntóle un príncipe, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna?
1819Y Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ninguno hay bueno sino sólo Dios.
1820Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre.
1821Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud.
1822Y Jesús, oído esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.
1823Entonces él, oídas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico.
1824Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!
1825Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios.
1826Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo?
1827Y él les dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios.
1828Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido.
1829Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios,
1830Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
1831Y Jesús, tomando á los doce, les dijo: He aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas, del Hijo del hombre.
1832Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido.
1833Y después que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer día resucitará.
1834Pero ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía.
1835Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando;
1836El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello.
1837Y dijéronle que pasaba Jesús Nazareno.
1838Entonces dió voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.
1839Y los que iban delante, le reñían que callase; mas él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí.
1840Jesús entonces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le preguntó,
1841Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.
1842Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha hecho salvo.
1843Y luego vió, y le seguía, glorificando á Dios: y todo el pueblo como lo vió, dió á Dios alabanza.
191Y HABIENDO entrado Jesús, iba pasando por Jericó;
192Y he aquí un varón llamado Zaqueo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico;
193Y procuraba ver á Jesús quién fuese; mas no podía á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura.
194Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.
195Y como vino á aquel lugar Jesús, mirando, le vió, y díjole: Zaqueo, date priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa.
196Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso.
197Y viendo esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado á posar con un hombre pecador.
198Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.
199Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.
1910Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido.
1911Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem, y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios.
1912Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver.
1913Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y díjoles: Negociad entre tanto que vengo.
1914Empero sus ciudadanos le aborrecían, y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.
1915Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos á los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
1916Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.
1917Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades.
1918Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas.
1919Y también á éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.
1920Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo:
1921Porque tuve miedo de ti, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
1922Entonces él le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabías que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;
1923¿Por qué, no diste mi dinero al banco, y yo viniendo lo demandara con el logro?
1924Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.
1925Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.
1926Pues yo os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
1927Y también á aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.
1928Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem.
1929Y aconteció, que llegando cerca de Bethfagé, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos,
1930Diciendo: Id á la aldea de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningún hombre se ha sentado jamás; desatadlo, y traedlo.
1931Y si alguien os preguntare, ¿por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester.
1932Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo.
1933Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?
1934Y ellos dijeron: Porque el Señor lo ha menester.
1935Y trajéronlo á Jesús; y habiéndo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron á Jesús encima.
1936Y yendo él tendían sus capas por el camino.
1937Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habían visto,
1938Diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo!
1939Entonces algunos de los Fariseos de la compañía, le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos.
1940Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán.
1941Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella,
1942Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos.
1943Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho,
1944Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.
1945Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él.
1946Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
1947Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle.
1948Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.
201Y ACONTECIO un día, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes y los escribas, con los ancianos;
202Y le hablaron, diciendo: Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad?
203Respondiendo entonces Jesús, les dijo: Os preguntaré yo también una palabra; respondedme:
204El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres?
205Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
206Y si dijéremos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta.
207Y respondieron que no sabían de dónde.
208Entonces Jesús les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas.
209Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo.
2010Y al tiempo, envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío.
2011Y volvió á enviar otro siervo; mas ellos á éste también, herido y afrentado, le enviaron vacío.
2012Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos también á éste echaron herido.
2013Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cuando á éste vieren, tendrán respeto.
2014Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra.
2015Y echáronle fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué pues, les hará el señor de la viña?
2016Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. Y como ellos lo oyeron, dijeron: ¡Dios nos libre!
2017Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, Esta fué por cabeza de esquina?
2018Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará.
2019Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos había dicho esta parábola: mas temieron al pueblo.
2020Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente.
2021Los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; antes enseñas el camino de Dios con verdad.
2022¿Nos es lícito dar tributo á César, ó no?
2023Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?
2024Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.
2025Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios.
2026Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron.
2027Y llegándose unos de los Saduceos, los cuales niegan haber resurrección, le preguntaron,
2028Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano.
2029Fueron, pues, siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos.
2030Y la tomó el segundo, el cual también murió sin hijos.
2031Y la tomó el tercero: asimismo también todos siete: y muerieron sin dejar prole.
2032Y á la postre de todos murió también la mujer.
2033En la resurrección, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer.
2034Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento:
2035Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento:
2036Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección.
2037Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob.
2038Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á él.
2039Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho.
2040Y no osaron más preguntarle algo.
2041Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?
2042Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra,
2043Entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies.
2044Así que David le llama Señor: ¿cómo pues es su hijo?
2045Y oyéndole todo el pueblo, dijo á sus discípulos:
2046Guardaos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas;
2047Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración: éstos recibirán mayor condenación.
211Y MIRANDO, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.
212Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas.
213Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos:
214Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía.
215Y á unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo:
216Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída.
217Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas?
218El entonces dijo: Mirad, no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y, el tiempo está cerca: por tanto, no vayáis en pos de ellos.
219Empero cuando oyereis guerras y sediciones, no os espantéis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego será el fin.
2110Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino;
2111Y habrá grandes terremotos, y en varios lugares hambres y pestilencias: y habrá espantos y grandes señales del cielo.
2112Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándoos á las sinagogas y á las cárceles, siendo llevados á los reyes y á los gobernadores por causa de mi nombre.
2113Y os será para testimonio.
2114Poned pues en vuestros corazones no pensar antes cómo habéis de responder:
2115Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán.
2116Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán á algunos de vosotros.
2117Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.
2118Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá.
2119En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas.
2120Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado.
2121Entonces los que estuvieren en Judea, huyan á los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella.
2122Porque estos son días de venganza: para que se cumplan todas las cosas que están escritas.
2123Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! porque habrá apuro grande sobre la tierra é ira en este pueblo.
2124Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos.
2125Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas:
2126Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas.
2127Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.
2128Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.
2129Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles:
2130Cuando ya brotan, viéndolo, de vosotros mismos entendéis que el verano está ya cerca.
2131Así también vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios.
2132De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo sea hecho.
2133El cielo y la tierra pasarán; mas mis palabras no pasarán.
2134Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.
2135Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.
2136Velad pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pie delante del Hijo del hombre.
2137Y enseñaba de día en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas.
2138Y todo el pueblo venía á él por la mañana, para oirle en el templo.
221Y ESTABA cerca el día de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua.
222Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarían; mas tenían miedo del pueblo.
223Y entró Satanás en Judas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce;
224Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaría.
225Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero.
226Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla.
227Y vino el día de los ázimos, en el cual era necesario matar la pascua.
228Y envió á Pedro y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos la pascua para que comamos.
229Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos?
2210Y él les dijo: He aquí cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare,
2211Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos?
2212Entonces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí.
2213Fueron pues, y hallaron como les había dicho; y aparejaron la pascua.
2214Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles.
2215Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca;
2216Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios.
2217Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partidlo entre vosotros;
2218Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.
2219Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí.
2220Asimismo también el vaso, después que hubo cenado, diciendo: Este vaso es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.
2221Con todo eso, he aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa.
2222Y á la verdad el Hijo del hombre va, según lo que está determinado; empero ¡ay de aquél hombre por el cual es entregado!
2223Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos sería el que había de hacer esto.
2224Y hubo entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor.
2225Entonces él les dijo: Los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores:
2226Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.
2227Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? Y yo soy entre vosotros como el que sirve.
2228Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones:
2229Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó á mí,
2230Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel.
2231Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo;
2232Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.
2233Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel y á muerte.
2234Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.
2235Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada.
2236Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja, y el que no tiene, venda su capa y compre espada.
2237Porque os digo, que es necesario que se cumpla todavía en mí aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene.
2238Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta.
2239Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron.
2240Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
2241Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,
2242Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
2243Y le apareció un ángel del cielo confortándole.
2244Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
2245Y como se levantó de la oración, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza;
2246Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.
2247Estando él aún hablando, he aquí una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesús para besarlo.
2248Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?
2249Y viendo los que estaban con él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo?
2250Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha.
2251Entonces respondiendo Jesús, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó.
2252Y Jesús dijo á los que habían venido á él, los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados del templo, y los ancianos: ¿Como á ladrón habéis salido con espadas y con palos?
2253Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.
2254Y prendiéndole trajéronle, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos.
2255Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó también Pedro entre ellos.
2256Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y éste con él estaba.
2257Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco.
2258Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy.
2259Y como una hora pasada otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él, porque es Galileo.
2260Y Pedro dijo: Hombre, no sé qué dices. Y luego, estando él aún hablando, el gallo cantó.
2261Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro: y Pedro se acordó de la palabra del Señor como le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
2262Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente.
2263Y los hombres que tenían á Jesús, se burlaban de él hiriéndole;
2264Y cubriéndole, herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza quién es el que te hirió.
2265Y decían otras muchas cosas injuriándole.
2266Y cuando fué de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio,
2267Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínos lo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;
2268Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis:
2269Mas después de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios.
2270Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que yo soy.
2271Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.
231LEVANTANDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato.
232Y comenzaron á acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte la nación, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo, el rey.
233Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndo él, dijo: Tú lo dices.
234Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre.
235Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí.
236Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo.
237Y como entendió que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió á Herodes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días.
238Y Herodes, viendo á Jesús, holgóse mucho, porque hacía mucho que deseaba verle; porque había oído de él muchas cosas, y tenía esperanza que le vería hacer alguna señal.
239Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió:
2310Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía.
2311Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volvióle á enviar á Pilato.
2312Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí.
2313Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo,
2314Les dijo: Me habéis presentado á éste por hombre que desvía al pueblo: y he aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado culpa alguna en este hombre de aquéllas de que le acusáis.
2315Y ni aun Herodes; porque os remití á él, y he aquí, ninguna cosa digna de muerte ha hecho.
2316Le soltaré, pues, castigado.
2317Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta.
2318Mas toda la multitud dió voces á una, diciendo: Quita á éste, y suéltanos á Barrabás:
2319(El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.)
2320Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesús.
2321Pero ellos volvieron á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale.
2322Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y le soltaré.
2323Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecían.
2324Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían;
2325Y les soltó á aquél que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; y entregó á Jesús á la voluntad de ellos.
2326Y llevándole, tomaron á un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús.
2327Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban.
2328Mas Jesús, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos.
2329Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron.
2330Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros: y á los collados: Cubridnos.
2331Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará?
2332Y llevaban también con él otros dos, malhechores, á ser muertos.
2333Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda.
2334Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.
2335Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios.
2336Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre,
2337Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo.
2338Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS.
2339Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros.
2340Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación?
2341Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo.
2342Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino.
2343Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.
2344Y cuando era como la hora de sexta, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona.
2345Y el sol se obscureció: y el velo del templo se rompió por medio.
2346Entonces Jesús, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró.
2347Y como el centurión vió lo que había acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.
2348Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos.
2349Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas.
2350Y he aquí un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno y justo,
2351(El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos), de Arimatea, ciudad de la Judea, el cual también esperaba el reino de Dios;
2352Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.
2353Y quitado, lo envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual ninguno había aún sido puesto.
2354Y era día de la víspera de la Pascua; y estaba para rayar el sábado.
2355Y las mujeres que con él habían venido de Galilea, siguieron también y vieron el sepulcro, y cómo fué puesto su cuerpo.
2356Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.
241Y EL primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las drogas aromáticas que habían aparejado, y algunas otras mujeres con ellas.
242Y hallaron la piedra revuelta del sepulcro.
243Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
244Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, he aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes;
245Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
246No está aquí, mas ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galilea,
247Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.
248Entonces ellas se acordaron de sus palabras,
249Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y á todos los demás.
2410Y eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, las que dijeron estas cosas á los apóstoles.
2411Mas á ellos les parecían como locura las palabras de ellas, y no las creyeron.
2412Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro: y como miró dentro, vió solos los lienzos echados; y se fué maravillándose de lo que había sucedido.
2413Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día á una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús.
2414E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acaecido.
2415Y aconteció que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, é iba con ellos juntamente.
2416Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen.
2417Y díjoles: ¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes?
2418Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tú sólo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos días?
2419Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús Nazareno, el cual fué varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;
2420Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes y nuestros príncipes á condenación de muerte, y le crucificaron.
2421Mas nosotros esperábamos que él era el que había de redimir á Israel: y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer día que esto ha acontecido.
2422Aunque también unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del día fueron al sepulcro:
2423Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, los cuales dijeron que él vive.
2424Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho; más á él no le vieron.
2425Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!
2426¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
2427Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían.
2428Y llegaron á la aldea á donde iban: y él hizo como que iba más lejos.
2429Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos.
2430Y aconteció, que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles.
2431Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos.
2432Y decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?
2433Y levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos.
2434Que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simón.
2435Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo había sido conocido de ellos al partir el pan.
2436Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz á vosotros.
2437Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veían espíritu.
2438Mas él les dice: ¿Por qué estáis turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones?
2439Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.
2440Y en diciendo esto, les mostró las manos y los pies.
2441Y no creyéndolo aún ellos de gozo, y maravillados, díjoles: ¿Tenéis aquí algo de comer?
2442Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel.
2443Y él tomó, y comió delante de ellos.
2444Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.
2445Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras;
2446Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;
2447Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem.
2448Y vosotros sois testigos de estas cosas.
2449Y he aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seáis investidos de potencia de lo alto.
2450Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo.
2451Y aconteció que bendiciéndolos, se fué de ellos; y era llevado arriba al cielo.
2452Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo;
2453Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. Amén.